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Aquest establiment va obrir les portes al desembre del 2008, perquè dic doncs "una història"?

Per respondre a aquesta pregunta, transcric l'article públicat al número1 de la revista BarcelonaRosa.

Ens varem coneixer i els vaig explicar la meva historia. Van fer un artícle que em va agradar molt, en lloc de "copiar" i canviar alguna cosa, crec que és millor transcriure'l. A més els estic molt agraïda per haver investigat i completat algunes dades que jo no coneixia.

 

COMPLEMENTA UN COMERCIO CON HISTÒRIA  

Quizás se pregunten qué hace una tienda que se abrió en el 2008 para inaugurar la sección de "comercios con historia" de Barcelona Rosa. La respuesta es que... la cosa tiene truco. Complementa echó a andar en el barrio de Gracia de la mano de Clàudia Gallés Cañameras en diciembre de 2008, pero no se dejen engañar, no es ni mucho menos una historia reciente. Por sus venas corre sangre de comerciante y empresaria (los Gallés y los Cañameras tuvieron establecimientos de renombre en la Ciudad Condal durante la segunda mitad del siglo XX) y, aunque inicialmente se dedicó a otros menesteres, la pasión familiar por los mostradores y la atención al público acabaron por imponer su ley. Así fue cómo Clàudia abrió una pequeña boutique en una de las avenidas comerciales más activas de la ciudad.

Con ella desempolvamos el árbol genealógico de sus antepasados (sus dos abuelos) y descubrimos por qué se nota a primera vista que Complementa no es una tienda más, sino que es un lugar muy personal en el que ha aflorado toda una pasión familiar. El abuelo paterno de Clàudia, Joan B. Gallés, regentó Gallés, un establecimiento de decoración modernista dedicado a la venta de paraguas y abanicos que estaba ubicado en la calle Dels Arcs, 5. Lo había comprado a su anterior propietario en el año 1940 pero en 1966 tuvo que cerrar porque el edificio debía ser derribado. Trasladó entonces el negocio al número 7 de Portal del Ángel. Anteriormente, ya había instalado la fábrica proveedora de la materia prima en la calle Condesa de Sobradiel. En cierto modo, el local de la calle Dels Arcs todavía perdura, ya que su mobiliario fue conservado y hoy da vida al interior (también la decoración exterior es original) de la coctelería El Paraigua. Muchos de nuestros lectores reconocerían hoy en día uno de sus más preciados recuerdos, la impresionante caja registradora.

Por el lado materno, el de los Cañameras, la cosa tampoco flojea. También tuvo su abuelo Claudi hasta tres comercios en la ciudad: “Flapper”; en Major de Gràcia 104, en Rambla Catalunya 61 y en Portal del Ángel 15. Pero el origen del negocio no llegó esta vez por una transacción sino por la determinación de un vendedor de medias con madera de emprendedor. Tras la Guerra Civil se dedicó a comprar medias en las fábricas de Terrassa que luego vendía en tiendas de Barcelona. Poco a poco fue progresando hasta abrir su primera tienda de lencería, primero, y crear su propia línea de producción más tarde. Para el nombre de los establecimientos no escogió su apellido, sino un término que simbolizaba la ruptura con lo establecido: Flapper. Las chicas flapper, que se pusieron de moda en los años 20 y posteriormente también en los 50 y los 60, eran mujeres desinhibidas, independientes y seguras de sí mismas. Nada mejor que el concepto que representaban para entender una revolución como la que vivió durante aquellos años la ropa interior femenina y que acabó con la dictadura de las fajas.

Volviendo a la nieta, a Clàudia, parece mentira viéndola desenvolverse por los rincones de Complementa que hace unos años se dedicara profesionalmente a ser técnica fiscal. De joven había sentido la llamada de la venta cara al público (trabajó en el Boulevard Rosa) pero años después parecía que lo suyo iban a ser definitivamente los números. Un cambio laboral la llevó a una empresa dedicada al textil, y tras comenzar en el departamento de facturación acabó en el de producción, donde parecía volver a reorientar su vocación. Allí nació el espíritu de su boutique.

Los comienzos no fueron fáciles, porque el local de Gràcia en el que se había fijado necesitaba una remodelación a fondo (una trabajo que duró cuatro largos meses), tras haber sido durante algunos años una tienda de género de punto y un bazar oriental. Antes que eso había funcionado entre 1940 y el 2000 como tienda de guantes, cuya trastienda hacía las veces de vivienda. De aquella época Clàudia respetó las picas de mármol de la cocina y una fresquera que ella ha convertido en expositores. El suelo es original, quizás uno de los más antiguos que se conservan cara al público en la ciudad.

Complementa es una tienda -la asociación de ideas parece obvia- de complementos de moda para mujer, con una franja de edad muy amplia (de 25 a 80 años). Cada rincón del espacio lleva el sello personal de su propietaria, que lo diseñó y rehabilitó a su gusto. Entre las prendas que tiene a la venta encontramos marcas de distribución exclusiva en España, un modelo de éxito que ya ha conseguido más de una petición para convertirse en franquicia. Otro punto fuerte del local es el trato directo con los clientes, a los que Clàudia y su personal aconsejan con total franqueza según su estilo y las preferencias de los clientes.